Por: Jonathan Marín Henao - Concejal de Chinchiná.
Hay una pregunta que me he hecho muchas veces durante estos años recorriendo y conociendo más a Chinchiná, ¿Cómo queremos vivir aquí dentro de 20 años?.
La pregunta parece sencilla, pero creo que nos obliga a mirar más allá de lo inmediato y a pensar en el municipio que queremos construir para las próximas generaciones.
Hoy tenemos necesidades que no podemos desconocer, todavía hay barrios donde los servicios públicos no funcionan como deberían, sectores que esperan mejores vías, espacios para nuestros niños y jóvenes, escenarios deportivos, cultura y una atención en salud más cercana y resolutiva.
También tenemos que seguir mejorando la infraestructura de nuestros colegios, pero sobre todo avanzar en calidad educativa para que nuestros niños y jóvenes tengan más y mejores oportunidades.
Esa es una realidad y será tema de conversación en otras columnas de opinión, pero Chinchiná también tiene enormes oportunidades y creo que vale la pena hablar más de ellas.
Durante mucho tiempo hemos planeado los municipios alrededor de periodos de cuatro años, sin embargo, quisiera que empezáramos a conversar sobre los próximos veinte y para hacerlo no necesitamos inventarnos una identidad porque Chinchiná ya la tiene.
Somos café, somos agroindustria, tenemos empresas, conocimiento, tradición y una ubicación privilegiada en medio del Eje Cafetero, además hacemos parte del Paisaje Cultural Cafetero reconocido por la Unesco.
Ahí tenemos una primera ruta, fortalecer lo que sabemos hacer, agregar más valor a lo que producimos y conectar nuestra identidad cafetera con el turismo, la gastronomía, la cultura y nuevas oportunidades de empleo y emprendimiento.
Nuestra ubicación también es una enorme ventaja, estamos en medio de una región que seguirá creciendo y Chinchiná puede aprovechar ese crecimiento fortaleciendo su comercio y sus servicios, no solo para quienes vivimos aquí, sino también para una población vecina cada vez mayor.
Todo eso nos obliga a pensar en cómo empezar una transformación de nuestro espacio público, pues un municipio que quiere atraer personas, comercio e inversión necesita buenos andenes, adaptados también para las personas con discapacidad, iluminación, arborización, espacios para caminar y permanecer, corredores comerciales organizados y lugares que inviten a venir a Chinchiná, recorrerlo, comer, comprar y quedarse.
Por eso, cuando he hablado de bulevares y transformación urbana no pienso simplemente en embellecer el municipio, pienso en calidad de vida y también en desarrollo económico.
Hay un lugar que representa muy bien esa posibilidad, Cameguadua, donde durante años hemos tenido un lago prácticamente dentro del municipio y quizás nos hemos acostumbrado tanto a verlo que no dimensionamos lo que podría significar.
En muchas ciudades del mundo, los frentes de agua se han convertido en espacios de encuentro, gastronomía, deporte, turismo, cultura y actividad económica, así que vale la pena preguntarnos por qué no estudiar esa posibilidad para Chinchiná.
Podríamos imaginar, con responsabilidad ambiental y los estudios necesarios, un frente de agua con un malecón moderno, espacios para el deporte, restaurantes, cafés, emprendimientos y lugares para las familias, no como una promesa inmediata, sino como una posibilidad que merece ser analizada con seriedad.
Estoy hablando de permitirnos soñar qué podría ser Cameguadua dentro de diez o veinte años.
Sin embargo, hay algo que para mí es fundamental, ese Chinchiná del futuro no puede construirse dejando atrás al Chinchiná de hoy.
No tendría sentido tener un gran malecón mientras en otros sectores una familia sigue teniendo problemas con el agua, el alcantarillado o las condiciones básicas de su barrio, porque pensar a veinte años también es pensar en Nuevo Horizonte, La Frontera, Barrios Unidos del Sur, Los Mangos, Progresar, San Martín, La Esperanza y tantos otros sectores.
Una familia que vive allí no necesita escuchar solamente que algún día tendremos una ciudad más bonita, necesita sentir que también hace parte de esa transformación y que sus necesidades cuentan en las decisiones que se toman sobre el futuro del municipio.
Ahí está, para mí, el verdadero reto, lograr que Chinchiná pueda crecer sin dejar a nadie atrás, que fortalezcamos nuestra agroindustria y nuestra identidad cafetera, que aprovechemos mucho mejor el Paisaje Cultural Cafetero y nuestra ubicación, que transformemos el espacio público y recuperemos lugares como Cameguadua, pero que al mismo tiempo resolvamos esas necesidades básicas que todavía existen en nuestros barrios.
No tenemos que escoger entre una cosa y la otra, podemos ocuparnos de los problemas de hoy mientras construimos una visión para mañana.
Porque tal vez la discusión más importante que podemos empezar a tener como municipio no sea solamente cuál será la próxima obra, sino algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más trascendental.
¿Qué papel queremos que tenga Chinchiná en la región y cómo queremos vivir aquí dentro de 20 años?

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