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Menos gritos, más liderazgo

 



Por Jorge Patiño- Comunicador Social

En medio de la polarización que vive Colombia y del ambiente político que se avecina para el próximo año, algo llama poderosamente la atención: el tono. No solo lo que dicen los 48 candidatos a la Cámara por Caldas, sino cómo lo dicen.


Y aquí surge una pregunta incómoda:
¿estamos escuchando verdaderos líderes… o simples vendedores de consignas?

Hoy, más que nunca, la manera de hablar, escuchar y dialogar con la ciudadanía se vuelve decisiva. Atrás quedaron —o deberían quedar— esos discursos gritones, arrogantes y petulantes, esos monólogos  con los que en otra época algunos políticos lograron ganar elecciones, pero terminaron alejando a la gente de la política. La ciudadanía ya no quiere gritos: quiere cercanía, coherencia y respeto.


Pero muchos candidatos parecen no haberse enterado.

En lugar de escuchar, interrumpen.
En lugar de explicar, atacan.
En lugar de reconocer errores, culpan al adversario.

El resultado es un ruido permanente que ahoga cualquier debate serio. Se habla más de enemigos que de soluciones; más de ideologías rígidas que de problemas reales: empleo, educación, salud, seguridad, oportunidades para los jóvenes.


El electorado no necesita que le griten.
Necesita que le hablen con respeto.

Estudios de comunicación política señalan que los candidatos que adoptan un tono dialogante, empático y claro generan mayor credibilidad y conexión emocional que quienes basan su estrategia en confrontación o superioridad moral. No es solo percepción: está medido. Cuando el mensaje se expresa de manera sencilla, directa y comprensible, el votante siente que lo están tomando en serio, que no le están hablando “desde arriba”, sino “de frente”.


Autores como Diana Mutz y Jennifer Jerit han explicado algo clave: el lenguaje que escucha, que conversa y que se apoya en experiencias reales aumenta la confianza pública y fortalece el vínculo con el elector. En cambio, los discursos cargados de descalificación y ruido informativo terminan produciendo el efecto contrario: cansancio, apatía y distancia.


Y ese contraste se hizo evidente en un reciente encuentro del expresidente Álvaro Uribe en el eje cafetero. Luego de escuchar a varios candidatos, llamó la atención la forma sencilla pero directa en la que Mateo Hidalgo Montoya, aspirante a la Cámara por Caldas, dialogó con el líder del Centro Democrático. No fue una arenga. No fue el típico discurso lleno de lugares comunes. Fue una conversación clara, aterrizada en la realidad: emprendimiento, educación, desarrollo vial, concesiones, empleo.


Ese tipo de comunicación —más cercana, más humana, menos artificial— coincide exactamente con lo que muestran los estudios: la gente conecta mejor cuando siente que hay un interlocutor real, no un actor recitando un libreto.


El “otoño electoral” que se aproxima no debería medirse solo por promesas, vallas y selfies. También debería medirse por el tono. Porque el tono revela carácter, revela respeto y revela intención.


Al final, la pregunta es sencilla:
¿Queremos líderes que griten más fuerte, o líderes que entiendan mejor?

La democracia —y la ciudadanía— ya están dando señales claras de la respuesta.

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