Por: Antonio Corrales Giraldo
El río Risaralda y su valle son uno de los parajes más hermosos y agradables que tiene Colombia, por su riqueza étnica, localización, paisaje, clima, flora, fauna, fertilidad de sus suelos, cultivos y, lo mejor, la gente que lo habita.
El río Risaralda y su valle se formaron hace 70 millones de años, época en la cual un devastador terremoto separó de la cordillera Occidental una gran masa de tierra y formó el hoy llamado ramal de Belalcázar, que comienza prácticamente en La Virginia y termina en Anserma. En este ramal se encuentran, en sus cúspides, los municipios de Belalcázar, San José, Risaralda y Anserma. Fue así como entre la cordillera Occidental y ese ramal que se desprendió de ella se formó el hoy llamado valle del Risaralda. El río Cauca, que corría por el pie de la cordillera Occidental, fue obligado a hacerlo por donde hoy transita, es decir, por el costado oriental del ramal de Belalcázar, y paralelamente comenzó a descender una corriente de agua que hoy conocemos como el río Risaralda, con un flujo inusual, siendo el único río en Colombia que corre de norte a sur, ya que los demás, en la zona andina, van hacia el norte.
El río y su valle del Risaralda no siempre se llamaron así. Antes de la conquista y en tiempos de los indios Ansermas, estos lo llamaban el Valle de Amiseca, que en buena parte perteneció a los resguardos de Tachigui y Tabuyo. Posteriormente, con el ingreso de los españoles, el conquistador Jorge Robledo —quien fundó Santa Fe de Antioquia, Anserma y Cartago— lo llamó Valle de Santa María. Más tarde, a finales del siglo XVII, en la época de la colonia, un misionero español de nombre Jerónimo Rizaralde sembró caña de azúcar cerca del río y producía melaza y panela. La gente comenzó a llamar a esa parte del río “Rizaralde”, nombre que poco a poco evolucionó a Risaralda, denominación con la cual hoy se conoce el río y su valle.
Este valle y el río Risaralda constituyen una joya natural en un gran matrimonio territorial entre los departamentos de Caldas y Risaralda, con interacciones sistémicas y complejas entre las diversas partes que lo integran, y con múltiples acontecimientos cuyos efectos deberán estudiarse y tenerse muy en cuenta pensando en su armonía y sostenibilidad, donde de por medio está el drama de la naturaleza y la trama de la vida.
El río Risaralda se forma por la confluencia de varias fuentes hídricas en la cordillera Occidental, principalmente de las aguas que nacen en el Cerro de Caramanta y el Alto Morro Plancho, en Riosucio (Caldas), a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar. Fluye hacia el sur, convirtiéndose en un río único en Colombia que corre de norte a sur y recorre cerca de 126 kilómetros antes de desembocar en el río Cauca, en La Virginia (Risaralda), a 900 metros sobre el nivel del mar, bañando con sus aguas 13 municipios: siete en Risaralda y seis en Caldas.
En el departamento de Caldas, el río Risaralda pasa por los municipios de Riosucio, Anserma, Belalcázar, Viterbo, San José y Risaralda. En el departamento de Risaralda, atraviesa Apía, Belén de Umbría, Guática, La Virginia, Mistrató, Balboa y Santuario.
La cuenca del río Risaralda tiene un total de 125.600 hectáreas y una población aproximada de 263.500 habitantes. Es una importante subcuenca del río Cauca en el centro-occidente de Colombia (Caldas y Risaralda) y resulta vital para el abastecimiento de agua y la biodiversidad.
El río Risaralda cuenta con 27 afluentes: Mapa, Arroyo Hondo, Totuí, Guática, Tabla Roja, Chapata, Golconda, Guamo, Guarne, Betulia, Tamaspia, Tesalia, Tachigui, Dindé, Bella, Cairo, Palo Gordo, Sandía, El Oro, Lázaro, La Esmeralda, Apía, Mampuy, San Luis, Arrayal y Dosquebradas. En este ecosistema habitan cerca de 29 especies de mamíferos, 50 de aves, 17 de reptiles y 68 especies acuáticas.
Este sistema fluvial es esencial para el equilibrio ecológico del área, ya que alimenta los ecosistemas y brinda recursos vitales a las comunidades que habitan a lo largo de su curso. Por ello, además de admirarlo, es necesario protegerlo, evitando que pase de ser un río a convertirse en una quebrada o, peor aún, en un caño seco que atraviese el valle que lleva su nombre. Actualmente, el río tiene en su desembocadura un caudal de 17 metros cúbicos por segundo, cuando en 1960 este era de 170 m³ por segundo, es decir, diez veces más. Esto evidencia un preocupante proceso de disminución causado por la deforestación, la erosión, la minería ilegal y la abusiva extracción de materiales como gravas y arenas de su lecho, lo cual afecta negativamente las aguas subterráneas y altera su morfología.
Otro problema grave, además del cambio climático, es la contaminación de sus aguas, provocada por asentamientos humanos y sus vertimientos y residuos sólidos, como beneficiaderos de café, residuos industriales, alcantarillados municipales, aguas residuales rurales, mataderos municipales, piscícolas y la aplicación de agroquímicos, entre otros. Esto impacta negativamente la calidad del agua y la supervivencia de la flora y fauna que habitan sus riberas.
La cuenca del río Risaralda se encuentra bajo la jurisdicción de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER) y la Corporación Autónoma Regional de Caldas (CORPOCALDAS), entidades a las que se les debe exigir cuentas sobre su gestión actual.
Finalmente, para proteger el río, se deben implementar acciones inmediatas de educación ambiental que permitan concientizar a la comunidad y promover compromisos responsables y reales en favor de la conservación del río Risaralda.
