Photo

El verdadero poder de una campaña.

 


Por: Jorge Patiño - Comunicador social. 

Hoy pareciera que una campaña política se mide por la cantidad de seguidores, vistas o reacciones que logra en redes sociales. Para muchos, si un candidato “mueve” Instagram o TikTok, ya tiene medio camino ganado. Pero en política, como en la vida, no todo lo que brilla es oro ni todo lo que se viraliza se traduce en votos.


Los medios tradicionales siguen jugando un papel que muchos quieren dar por superado, pero que en realidad sigue siendo determinante: la credibilidad. No es lo mismo aparecer en un reel que sentarse frente a un periodista, responder preguntas incómodas, explicar propuestas y sostener un discurso coherente. La radio, la prensa y la televisión siguen siendo escenarios donde el candidato se valida, se prueba y se expone ante una audiencia que no siempre es complaciente, pero sí decisiva.


Las redes sociales, por supuesto, son hoy una herramienta indispensable. Nadie sensato las subestima. Son el espacio donde se construye cercanía, se humaniza al político y se conversa sin intermediarios. Allí se gana simpatía, se logra una percepción y se instala agenda. Pero creer que las redes, por sí solas, hacen una campaña ganadora es uno de los errores más comunes —y más costosos— de la política moderna.


Muchos candidatos piensan que pautando fuerte en digital van a llegar “más a fondo” en la gente. Y no siempre es así. La pauta amplifica, pero no reemplaza la confianza. Puede hacer visible un mensaje, pero no necesariamente creíble. Una campaña basada solo en anuncios termina siendo ruidosa, pero frágil y sin credibilidad: mucha presencia, poco arraigo. Los algoritmos ayudan a mostrar, pero no construyen liderazgo. Y lo más importante: los algoritmos no votan, votan las personas.


El votante promedio aún confía, y mucho, en lo que escucha por radio, en lo que lee en un medio serio o en lo que ve en un noticiero. Es allí donde muchos forman opinión, comparan versiones y toman decisiones. Por eso, cuando una estrategia ignora los medios tradicionales o los reduce a un simple accesorio, está renunciando a una parte clave del juego político.


Las campañas que realmente entienden la comunicación hoy no enfrentan redes contra medios: las integran. Saben que una entrevista bien lograda potencia el contenido digital, que una buena nota periodística le da respaldo a una publicación y que un mensaje coherente debe poder sostenerse tanto en un titular como en un post.


Al final, la política no se gana con likes, se gana con confianza. Y esa confianza no se improvisa ni se compra con pauta. Se construye con discurso sólido, presencia responsable, coherencia y una estrategia que entienda que comunicar no es solo aparecer, sino convencer.



Artículo Anterior Artículo Siguiente