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Con amigos así, ¿para qué enemigos?

 



 Por: Jorge Patiño - comunicador social


En política la lealtad no es un accesorio: es una condición mínima para gobernar. Los procesos —en lo público y en lo privado— se construyen con autoridad, coherencia y trabajo en equipo. Cuando quienes dicen estar del mismo lado actúan como oposición interna, el problema no es ideológico, es ético.


Lo ocurrido en el Concejo de Palestina el pasado sábado dejó más dudas que certezas. Durante más de dos horas se ventilaron denuncias delicadas hechas por funcionarios inconformes. Si existen irregularidades, que las investiguen los entes de control. Para eso están. Pero el Concejo no es tribunal ni fiscalía. Su función es ejercer control político con responsabilidad, no montar escenarios que, en plena coyuntura electoral, terminan pareciendo un espectáculo cuidadosamente calculado.


Aquí hay preguntas que la ciudadanía merece que se respondan con nombres propios. Deberíamos saber con precisión quiénes fueron los dos concejales que impulsaron la sesión y, sobre todo, por qué los nueve concejales que hacen parte del gobierno no hicieron nada para evitar semejante show político. El silencio también es una forma de responsabilidad.


Debería darles vergüenza a aquellos concejales que salieron a hacer campaña por el actual alcalde haber respaldado una sesión de esa naturaleza; si consideran que ya no hacen parte de la coalición de gobierno, lo coherente sería que lo digan por escrito y renuncien públicamente a ella. La tibieza política no puede seguir disfrazándose de institucionalidad.


Juzgar a los funcionarios o descalificar sus denuncias sería irresponsable. Pero más irresponsable aún es que, teniendo mayoría en la corporación y siendo aliados del alcalde, permitan que la administración quede expuesta sin una sola voz que defienda la gestión y las obras que sí se han ejecutado. Porque las hay. Y muchas.


No basta con decir que la sesión era necesaria para responder un oficio del año anterior. Si un documento llevaba siete meses sin respuesta, eso habla de fallas administrativas graves. ¿Dónde estaban la secretaría, la asesoría jurídica, la mesa directiva? ¿Por qué solo reaccionaron cuando sintieron el riesgo de una investigación disciplinaria?


Excusarse en que “era la única salida” suena más a improvisación que a liderazgo y Palestina no puede seguir pagando el precio de la improvisación.


Lo más preocupante es la imagen que se proyecta. Se instala la percepción de caos en una administración que ha mostrado gestión y ejecución. ¿Hay cosas por corregir? Claro. Pero convertir las diferencias internas en munición política no fortalece al municipio; lo debilita.


Mientras tanto, ninguno de los concejales ni funcionarios de la Alcaldía salieron con la misma vehemencia a defender los proyectos, las inversiones o las obras adelantadas. Pareciera que algunos funcionarios están más concentrados en el chisme del parque, en los escándalos por infidelidades, que en el desarrollo del pueblo. En el periodo anterior eso no habría ocurrido.


Palestina necesita firmeza, no egos heridos. Necesita coherencia, no cálculos personales. Y necesita que quienes pidieron el voto para gobernar hoy tengan la valentía de sostener el proyecto que ayudaron a elegir, o la honestidad de apartarse.


Lo que no puede seguir pasando es que, por ambiciones individuales o resentimientos internos, se ponga en riesgo el avance colectivo. El municipio merece más altura política y menos teatro.

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