En política la lealtad no es un accesorio: es una condición
mínima para gobernar. Los procesos —en lo público y en lo privado— se
construyen con autoridad, coherencia y trabajo en equipo. Cuando quienes dicen
estar del mismo lado actúan como oposición interna, el problema no es
ideológico, es ético.
Lo ocurrido en el Concejo de Palestina el pasado sábado dejó
más dudas que certezas. Durante más de dos horas se ventilaron denuncias
delicadas hechas por funcionarios inconformes. Si existen irregularidades, que
las investiguen los entes de control. Para eso están. Pero el Concejo no es
tribunal ni fiscalía. Su función es ejercer control político con
responsabilidad, no montar escenarios que, en plena coyuntura electoral,
terminan pareciendo un espectáculo cuidadosamente calculado.
Aquí hay preguntas que la ciudadanía merece que se respondan
con nombres propios. Deberíamos saber con precisión quiénes fueron los dos
concejales que impulsaron la sesión y, sobre todo, por qué los nueve concejales
que hacen parte del gobierno no hicieron nada para evitar semejante show
político. El silencio también es una forma de responsabilidad.
Debería darles vergüenza a aquellos concejales que salieron
a hacer campaña por el actual alcalde haber respaldado una sesión de esa
naturaleza; si consideran que ya no hacen parte de
la coalición de gobierno, lo coherente sería que lo digan por escrito y
renuncien públicamente a ella. La tibieza política no puede seguir
disfrazándose de institucionalidad.
Juzgar a los funcionarios o descalificar sus denuncias sería
irresponsable. Pero más irresponsable aún es que, teniendo mayoría en la
corporación y siendo aliados del alcalde, permitan que la administración quede
expuesta sin una sola voz que defienda la gestión y las obras que sí se han
ejecutado. Porque las hay. Y muchas.
No basta con decir que la sesión era necesaria para
responder un oficio del año anterior. Si un documento llevaba siete meses sin
respuesta, eso habla de fallas administrativas graves. ¿Dónde estaban la
secretaría, la asesoría jurídica, la mesa directiva? ¿Por qué solo reaccionaron
cuando sintieron el riesgo de una investigación disciplinaria?
Excusarse en que “era la única salida” suena más a
improvisación que a liderazgo y Palestina no puede seguir pagando el precio de
la improvisación.
Lo más preocupante es la imagen que se proyecta. Se instala
la percepción de caos en una administración que ha mostrado gestión y
ejecución. ¿Hay cosas por corregir? Claro. Pero convertir las diferencias
internas en munición política no fortalece al municipio; lo debilita.
Mientras tanto, ninguno de los concejales ni funcionarios de la Alcaldía salieron con la misma vehemencia a defender los proyectos, las inversiones o las obras adelantadas. Pareciera que algunos funcionarios están más concentrados en el chisme del parque, en los escándalos por infidelidades, que en el desarrollo del pueblo. En el periodo anterior eso no habría ocurrido.
Palestina necesita firmeza, no egos heridos. Necesita
coherencia, no cálculos personales. Y necesita que quienes pidieron el voto
para gobernar hoy tengan la valentía de sostener el proyecto que ayudaron a
elegir, o la honestidad de apartarse.
Lo que no puede seguir pasando es que, por ambiciones
individuales o resentimientos internos, se ponga en riesgo el avance colectivo.
El municipio merece más altura política y menos teatro.
