En tiempos donde la política suele sentirse lejana, fría y muchas veces distante de la realidad de los barrios, cuando aparece un liderazgo que se involucra de verdad con la comunidad, la gente lo nota.
Eso es lo que empieza a escucharse en Chinchiná y Palestina cuando se menciona el nombre de Jorge García.
No se trata solamente de un candidato más en la carrera a la Cámara de Representantes. Lo que ha comenzado a llamar la atención es la forma como ejerce el liderazgo: cercana, directa y, sobre todo, sensible frente a las necesidades reales de la gente.
Quienes han trabajado con él destacan algo que no siempre se encuentra en quienes ocupan cargos altos: la capacidad de involucrarse personalmente. No desde la distancia del escritorio, sino caminando el territorio, escuchando, preguntando, verificando que las cosas realmente se cumplan. Que los beneficios lleguen. Que los compromisos no se queden en el papel.
Y ese detalle, que puede parecer pequeño, es el que marca la diferencia.
En municipios como los nuestros, donde los proyectos sociales nacen desde las comunidades y no desde los grandes edificios de la capital, se valora profundamente a quienes entienden el trabajo comunitario. Personas que sienten las necesidades como propias y no como cifras en un informe.
“Para mí es muy importante”, dicen algunos líderes sociales, “porque nuestro proyecto de vida trabaja netamente por las comunidades, y sentimos que desde la Cámara se puede hacer mucho más si hay alguien que conozca esa realidad”.
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Esa conexión no se improvisa. Tiene que ver con experiencia, sí. Su paso por la Alcaldía de Pensilvania le dio herramientas administrativas. Pero también tiene que ver con carácter. Con la decisión de no perder el contacto con la gente, incluso cuando se ocupa un cargo de responsabilidad.
En Chinchiná y Palestina, gracias al compromiso del concejal Jonathan Marín y su equipo, han demostrado fuerza y compromiso, el debate no pasa solo por las promesas, sino por quién realmente puede gestionar para que los proyectos sociales avancen. Para que los recursos se materialicen. Para que la voz de la provincia no se diluya en Bogotá.
La política necesita menos espectáculo y más presencia real en el territorio. Y si algo empieza a consolidarse en esta campaña es la percepción de que Jorge García entiende esa diferencia; tal vez por eso su nombre comienza a generar conversación. No por el ruido, sino por la sensación de que su liderazgo no es distante, sino humano.
Y en tiempos donde la confianza es escasa, ese puede ser el capital político más valioso.

