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| Fotografía: Alcaldía de Chinchiná |
En medio de las múltiples
versiones que han circulado sobre lo ocurrido en la madrugada del pasado
domingo 12 de abril en Chinchiná, es necesario hacer algunas precisiones para
entender con claridad lo que realmente sucedió.
Primero, hay que decirlo sin
rodeos: el evento artístico cumplió. La presentación de la agrupación Los
Diablitos del Vallenato y del reconocido cantante de música popular Luis
Alberto Posada estuvo a la altura de las expectativas. Desde la tarima, ambos
artistas entregaron un espectáculo de calidad, demostrando por qué el público
los sigue y corea sus éxitos. En ese sentido, la música no falló.
Tampoco se puede desconocer
el esfuerzo de los organizadores. Traer artistas de esta talla a Chinchiná no
es tarea fácil. Sus agendas están comprometidas durante todo el año, y lograr
su presencia en el municipio es, sin duda, un logro que merece reconocimiento.
Sin embargo, lo que debía
ser una noche de celebración terminó empañado por una realidad que no se puede
seguir ignorando: la falta de cultura ciudadana. El consumo excesivo de licor
llevó a que algunos asistentes perdieran el control, desatando situaciones de
caos que hoy tienen al municipio en el centro de la polémica.
El parque principal alcanzó
su capacidad máxima, con más de 13 mil personas en su interior. Afuera, una
multitud —incluidos menores de edad— intentaba ingresar sin éxito. Desde antes
de las 10 de la noche ya se registraban intentos por vulnerar los anillos de
seguridad, que, en ese momento, lograron contener las autoridades presentes.
Pero el verdadero problema
llegó al final. Tres riñas alteraron la tranquilidad del evento. En una de
ellas, según versiones conocidas, estuvieron involucrados 3 jugadores del Once
Caldas, en un hecho que habría iniciado cuando uno de los deportistas le brindo
un trago a un asistente de sexo femenino que estaba cerca disfrutando del
concierto.
A esto se suma un hecho aún
más grave: el uso indebido de gas pimienta por parte de un particular, plenamente
identificado por las autoridades cuya identidad no ha sido revelada oficialmente, por el cual fueron atendidas más de 18 personas
por la Cruz Roja. Otras 12 personas tuvieron que ser asistidas por su estado de
embriaguez, ninguna de ellas trasladas al hospital San Marcos. Es importante
aclarar que hasta el momento, según versiones, la persona que acciono el gas no
fue un ciudadano del municipio sino un visitante
No obstante, también hay
responsabilidades institucionales que no pueden evadirse. La capacidad
operativa de la Policía fue insuficiente frente a la magnitud del evento.
Aunque se reportan decomisos de armas blancas y sustancias psicoactivas, así
como la prevención de hurtos, lo cierto es que no se logró evitar que los
disturbios marcaran la agenda informativa del departamento.
Pasión blanca Jugadores del Once Caldas involucrados en líos durante fiestas en Chinchiná.
También se equivocó la Alcaldía Municipal con un comunicado de prensa que deja más dudas que certezas y que dice todo lo contrario a lo que la gente comenta desde ayer en las calles, lo que nos lleva a preguntarnos quién dice la verdad sobre lo sucedido.
Hoy, Chinchiná no es noticia por la música, ni por su capacidad de convocatoria, ni por la alegría de su gente. Es noticia por los desmanes, por el descontrol y por los comportamientos que dejaron una imagen negativa del municipio.
Y hay un punto que no puede
pasar desapercibido: el Once Caldas tiene una responsabilidad moral frente a la
ciudadanía. Si efectivamente hubo jugadores involucrados en estos hechos, el
club debe pronunciarse, identificar a los responsables y tomar las medidas
correspondientes. El respeto por la gente y por el municipio no es negociable.
Lo mínimo que esperamos los
ciudadanos es un comunicado del equipo de futbol, si bien los jugadores estaban
libres, no se ve para nada bien que salgan a poner en riesgo la vida de los
ciudadanos de un municipio que espera quitarse esa “chapa” de violencia que durante años ha marcado su agenda informativa.
Lo ocurrido deja lecciones
claras. No basta con traer grandes artistas. Se requiere planeación, control,
cultura ciudadana y autoridad efectiva. Porque cuando la fiesta se sale de
control, el costo lo paga todo un municipio.
