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Opinión | El costo de una deuda histórica

 



Por: Oscar Fernando Cardona Suarez - Abogado.


En la situación actual la actualización catastral y en consecuencias del impuesto predial a nivel país está creando hondas heridas en la ciudadanía, los incrementos de los avalúos catastrales y de los valores a pagar por los ciudadanos son producto de la política pública de actualización que es un deber legal, pero que hoy se percibe como una sacudida económica que erosiona la confianza en el estado.

 
Esta actualización no se deriva de la voluntad propia de las administraciones, ni es un capricho administrativo de nuestros alcaldes, sino que es una obligación legal que ha sido desatendida por anteriores administraciones, optando por la inercia, mantuvieron los avalúos realmente bajos y por lo tanto crearon una burbuja, una ficción, que algún día iba a explotar.
 
las actuales administraciones municipales debieron asumir el costo político de esta actualización y a pesar de que se debe reconocer que los altos impuestos no son sólo producto de la actualización, sino que también son producto de que se realizó sin ni quiera pensar en una menare clara de hacer pedagogía en la ciudadanía,  sino que existieron errores al momento de estructurar la actualización, ni mecanismos de amortiguación ha trasladado el peso del ajuste directamente al bolsillo del ciudadano.
 
Es también importante destacar que, en algunos municipios hubo una actualización completa, en otros, se realizaron planes parciales en zonas rurales donde viven personas de alta capacidad económica no se realizó, generando aún mayor sentimiento de desigualdad.
 
A la oposición se les apareció la virgen con esta situación, ya que es caldo de cultivo para capitalizar sus aspiraciones políticas, manifestando que esto se debe exclusivamente a la voluntad de los alcaldes, pero, la oposición no se hace desde los gritos en plaza pública, sino desde las ideas.
 
Tal vez el reto real como sociedad no está en buscar culpables inmediatos, sino en revisar lo que se hizo, corregir lo que sea necesario y participar en los espacios donde se discuten estos cambios, donde se debate la actualización de la base gravable y el cambio en la fórmula de cobranza, porque cuando un ajuste necesario se percibe como un castigo, lo que está fallando no es solo el impuesto, sino la manera en que se gobierna


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