Por: Oscar Fernando Cardona Suarez - Abogado.
Después de quedar atrás la carrera por la Presidencia de la República, la atención política comenzó a desplazarse hacia el siguiente escenario electoral, las elecciones territoriales de 2027, y en los tradicionales cafés del municipio ya empiezan a sonar los nombres de quienes, de manera abierta o silenciosa, se preparan para disputar alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas departamentales, porque aunque la cita con las urnas aún parezca lejana, el ajedrez político ya está en movimiento.
Hay políticos que creen que el aval del cacique de turno o el respaldo de una chequera generosa son suficientes para asegurar una victoria electoral, pero olvidan que ninguna estructura reemplaza el contacto directo con la ciudadanía ni el trabajo serio y permanente en el territorio, porque los recursos económicos pueden amplificar un mensaje, mas no fabricar credibilidad, los electores pueden dejarse atraer por la publicidad, pero difícilmente depositan su confianza en quien no inspira respeto, preparación o cercanía, la maquinaria puede movilizar votos, pero es el candidato quien debe convencer, y mientras la propaganda genera recordación, el carácter y la coherencia son los que construyen confianza.
Por eso, a medida que se aproxima el 2027, el verdadero debate no debería reducirse a establecer quién dispone de más dinero o quién acumula mayores respaldos burocráticos, sino a identificar quién tiene la preparación, la visión y la autoridad moral para asumir el gobierno de un municipio o un departamento, porque una democracia madura no elige simplemente administradores de campañas, sino líderes capaces de interpretar las necesidades de la gente y de responder con resultados.
Del mismo modo, muchos dirigentes políticos permanecen al lado de las administraciones de turno mientras consideran que allí se encuentran las mejores posibilidades de triunfo, pero no vacilan en cambiar de orilla cuando perciben que el panorama electoral ha cambiado, por eso la principal tarea de quienes hoy gobiernan consiste en consolidar sus equipos, fortalecer sus alianzas y preparar un sucesor que garantice la continuidad de su proyecto político, mientras la oposición busca romper esos respaldos, capitalizar el desgaste propio del ejercicio del poder y ofrecer una alternativa capaz de despertar la confianza ciudadana, una tarea que exige mucho más que recursos económicos, porque al final serán el liderazgo, el carisma, la credibilidad y la capacidad de conectar con la gente los factores que inclinen la balanza en las urnas.
Es hora de comenzar a interpretar lo que anuncian los vientos de la política y esos secretos a voces que circulan en los tintiaderos, de analizar el contexto de cada aspirante, la solidez de sus liderazgos y, sobre todo, el nivel de aceptación que puedan despertar entre la ciudadanía, porque en los próximos meses comenzarán a multiplicarse los sondeos, las mediciones y las especulaciones, pero será el respaldo ciudadano, y no el ruido de las campañas, el que terminará definiendo quiénes llegarán con opciones reales a la contienda electoral.

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