Los jóvenes se van y el futuro rural queda en riesgo

 



Por: Juan Pablo Lotero - Ingeniero Mecatrónico.

El Día Mundial de la Agricultura debería ser una fecha para celebrar la importancia de quienes trabajan la tierra y sostienen buena parte de lo que llega a nuestras mesas, pero que también nos obliga a mirar de frente una de las mayores brechas que enfrenta el sector.

Cada vez son más los jóvenes que abandonan las zonas rurales en busca de oportunidades en las ciudades, no se trata de un fenómeno nuevo, pero sí de una situación que merece mayor atención porque detrás de cada joven que se marcha hay una finca, una tradición familiar y un conocimiento que corre el riesgo de perderse.

Las razones son conocidas, la falta de oportunidades, las dificultades para acceder a la educación superior, la precariedad laboral, los bajos ingresos y la poca incorporación de tecnología hacen que para muchos jóvenes el campo deje de representar una posibilidad de vida y termine siendo visto como un lugar del que hay que salir para progresar.

Mientras las ciudades avanzan hacia nuevas formas de empleo y hablamos de inteligencia artificial, transformación digital y economías basadas en el conocimiento, en muchas zonas rurales todavía existen jóvenes sin una conexión estable a internet, sin formación tecnológica y sin posibilidades reales de acceder a crédito para emprender o modernizar una actividad productiva.

No podemos pedirle a una nueva generación que se quede en el campo si no le ofrecemos condiciones para construir allí su proyecto de vida.

El crédito agrícola continúa siendo una barrera para muchos pequeños productores y los programas de apoyo no siempre llegan a quienes más los necesitan. A esto se suma una educación rural que todavía enfrenta dificultades para responder a las nuevas necesidades del sector.

La agricultura de hoy ya no puede pensarse únicamente desde el trabajo físico de la tierra. Hay que hablar de tecnología, comercialización digital, transformación de productos, sostenibilidad, innovación y acceso a nuevos mercados. El problema es que mientras el mundo cambia, muchos jóvenes rurales sienten que las oportunidades siguen estando lejos de sus territorios.

La agricultura 4.0 ofrece herramientas que hace algunos años parecían imposibles. Drones, sensores, sistemas de monitoreo, plataformas digitales y nuevas tecnologías pueden ayudar a producir mejor, reducir costos y abrir mercados.

Aquí también existe una responsabilidad de los gobiernos locales. No basta con celebrar el Día Mundial de la Agricultura, organizar actos protocolarios o entregar reconocimientos a los campesinos. El verdadero homenaje debería estar en las políticas públicas capaces de hacer que un joven vea en el campo una oportunidad y no una condena.

Los municipios tienen que asumir un papel más activo en la construcción de una verdadera gobernanza rural, articulando educación, conectividad, crédito, asistencia técnica, emprendimiento y acceso a mercados. El campo necesita jóvenes preparados para producir, pero también para administrar, innovar, transformar y comercializar.

Porque el futuro de la agricultura no depende únicamente de tener tierras productivas. También depende de tener quién quiera trabajarlas.

Si seguimos viendo cómo los jóvenes se marchan sin ofrecerles razones para regresar, llegará el momento en que celebraremos el Día Mundial de la Agricultura rodeados de discursos, pero con cada vez menos personas dispuestas a sembrar.

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