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| Foto: Policía Nacional |
En las tribunas suelen defender camisetas diferentes, pero durante varias semanas compartieron otro escenario en Chinchiná. Jóvenes integrantes de las barras del América de Cali y Once Caldas participaron en un proceso de formación que tuvo como propósito demostrar que la pasión por el fútbol también puede convertirse en una oportunidad para aprender, participar y construir convivencia.
La iniciativa fue desarrollada mediante la estrategia Barrismo Social, con participación de la Policía Nacional, a través de Policía Comunitaria e Infancia y Adolescencia, la Administración Municipal y los integrantes de las barras Holocausto Chinchiná, Brigada Once y América.
El proceso buscó prevenir comportamientos que puedan afectar la convivencia y, al mismo tiempo, entregar herramientas a los jóvenes para que puedan asumir otros roles dentro de sus comunidades.
La primera etapa estuvo concentrada en la formación. La Secretaría de Gobierno de Chinchiná y la Policía Comunitaria trabajaron con los participantes temas relacionados con convivencia, cultura ciudadana y apoyo logístico para eventos comunitarios.
La capacitación tuvo además un componente que va más allá del fútbol, pues algunas de las herramientas adquiridas pueden ser utilizadas en actividades laborales y comunitarias. La idea fue que los jóvenes encontraran en el proceso conocimientos que puedan servirles también fuera de las canchas.
En total, 52 jóvenes culminaron los cursos de Apoyo Logístico para Eventos Comunitarios y Convivencia y Cultura Ciudadana, por lo que recibieron certificación como reconocimiento a su participación.
El deporte fue el segundo escenario del proceso. Los participantes se encontraron en una jornada realizada en la cancha La Doctora, donde las actividades deportivas sirvieron para poner en práctica algunos de los principios trabajados durante la formación.
El cierre tuvo un ingrediente particular, un torneo relámpago entre las barras en el que América y Once Caldas llegaron a disputar la final, llevando a la cancha una rivalidad que esta vez estuvo acompañada por un mensaje de respeto y convivencia.
Durante la jornada también se desarrollaron actividades de la Policía Comunitaria Departamental y acciones relacionadas con el Plan Desarme, además de espacios recreativos para los niños.
El propósito de la estrategia no fue eliminar la identidad de las barras ni la pasión por los equipos, sino generar otros espacios alrededor de ellas. La apuesta institucional fue mostrar que pertenecer a una barra también puede estar relacionado con liderazgo, participación ciudadana y trabajo comunitario.
La Policía Nacional destacó el compromiso de los jóvenes durante el proceso y señaló que la pasión por un equipo no necesariamente tiene que estar vinculada con la confrontación.
En ese sentido, el barrismo fue utilizado como punto de partida para acercar a los jóvenes a las instituciones y generar confianza mediante actividades diferentes a las que normalmente se relacionan con las barras futboleras.
La entrega de los certificados marcó el final de un proceso que combinó formación, deporte y convivencia. Para los participantes, el resultado no quedó únicamente en el reconocimiento recibido, sino en las herramientas adquiridas y en la posibilidad de compartir con personas que, desde el fútbol, defienden colores diferentes.
La experiencia dejó una escena poco habitual en el fútbol, hinchas del América y Once Caldas reunidos no para discutir un resultado o defender una tribuna, sino para aprender y participar en una actividad común.
En Chinchiná, el fútbol terminó siendo esta vez el punto de encuentro y no de confrontación. La cancha siguió siendo importante, pero el proceso comenzó en otro lugar, en un salón de clases donde las camisetas diferentes tuvieron espacio para compartir.

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