Por: Jorge Patiño - Comunicador social.
Ahora que parece estar de
moda hablar de acoso sexual en redes sociales, gracias a la denuncia
interpuesta por valientes periodistas en medios de comunicación, vale la pena
preguntarnos qué nos está pasando como sociedad. Cada nueva denuncia, cada
testimonio de periodistas que han decidido desenmascarar a las llamadas “vacas
sagradas”, sacude la opinión pública por unos días… pero luego, como si nada,
seguimos adelante. Como si el problema fuera solo del otro, del señalado, del
que cayó en desgracia.
Debo decirlo con claridad:
estoy del lado de las víctimas. Siempre. Ellas merecen todo el respaldo, no
solo en el discurso, sino en la acción real de una sociedad que aún les queda
debiendo justicia, empatía y protección. Pero en medio del escándalo mediático,
hay algo que incomoda: la facilidad con la que juzgamos hacia afuera y la
dificultad para mirar hacia adentro. Nos indignamos en redes, señalamos
culpables, pero ¿qué tanto estamos haciendo en nuestros entornos más cercanos
para prevenir, educar y evitar que estas historias se repitan?
Las cifras en Caldas son un
reflejo crudo de esta realidad. Más de 300 casos de violencia sexual en el 2025,
y lo más alarmante: la mayoría de víctimas son niñas, adolescentes y mujeres.
No son cifras lejanas, no son estadísticas frías; son historias que ocurren en
barrios, veredas y hogares cercanos. Y, aun así, el silencio sigue siendo el
gran cómplice.
El acoso, el abuso,
cualquier forma de violencia sexual, no solo deja una herida física o legal;
deja una fractura profunda en la vida de quien lo padece. Cambia la forma de
ver el mundo, destruye la confianza, roba la tranquilidad. Y mientras tanto,
como sociedad, seguimos reaccionando más al escándalo que a la raíz del
problema.
Por eso, más allá de lo que
vemos en televisión o redes, este debería ser un momento de reflexión
colectiva. No para sumarnos a una tendencia, sino para asumir una
responsabilidad. Tal vez la verdadera transformación no está en denunciar
cuando estalla el escándalo, sino en educar, prevenir y respetar desde lo
cotidiano.
Porque mientras el acoso
siga siendo noticia solo cuando estalla, y no cuando se previene, seguiremos
siendo una sociedad que reacciona… pero no cambia.